En el mundo de hoy, quiéralo o no, la presión de la sociedad ha obligado a que las apariencias controlen nuestras acciones y vidas. Ocultamos detrás de ilusiones y mentiras, la realidad para evitar el rechazo al que tememos, y dentro de nuestra “burbuja” , en donde lo importante es el parecer mas que ser , nos rige la farsa como método eficaz que vuelve a ser el eje inclusive de la valoración humana. La mirada de los otros es importante para esta sociedad consumista y por ello desde que nacemos crecemos con la idea del aparentar y adquirir para ir planificando un futuro considerado un sueno.
En el siglo XIX, Sigmun Freud descubrió estudiando el sistema nervioso y los trastornos mentales, que todo ser humano tiene preocupaciones y deseos ocultos en el inconsciente. Una “prótesis”, es en lo que nuestra sociedad se ha convertido. Intentamos por medio de esta camuflar nuestros verdaderos intereses y proseguir a la apariencia, al igual que lo hace el consumismo por medio de la influencia cultural, la cual toma provecho de lo que para nosotros es importante y lo usa y vende para su propio bien en forma de productos, que muchas veces definen desgraciadamente nuestro carácter y afectan las decisiones de cada uno gracias a su manipulación. En conclusión el consumismo se apoya en las apariencias sociales y hace que el hombre pierda la esencia que lo caracterizaba. El consumismo solo intenta satisfacer las necesidades y no las pulsaciones o deseos del individuo los cuales no tienen fines de supervivencia, ni mucho menos adaptivos, es decir que para poder ver un concepto totalmente nuevo, es necesario hacer una mezcla de diversos factores y equilibrarnos dentro la sociedad para no caer en ese mundo de falsedad e incógnita.
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